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Artículo de opinión - CARLOS ALBORS RAMOS, VOCAL DE QUIMACOVA

Artículo de opinión - CARLOS ALBORS RAMOS, VOCAL DE QUIMACOVA
Artículo de opinión del Vocal, CARLOS ALBORS RAMOS, "EUROPA SE QUEDA SIN QUÍMICA".

El año 2025 está marcando un punto de inflexión para la industria química europea. En los últimos meses, hemos visto el anuncio de cierre o desmantelamiento de plantas históricas como Venator, Altuglas, Triseo, Akzo, Vynova, LyondellBasell, Covestro e Ineos. Estos casos reflejan un proceso más profundo: la pérdida progresiva de capacidad productiva en Europa.

 

Las causas no son nuevas, pero se han intensificado. La bajada de las ventas del sector del automóvil, motor tradicional de la demanda química en Europa Central, se combina con una ralentización general de la construcción y con normativas ambientales cada vez más exigentes, que elevan los costes de cumplimiento sin ofrecer aún una ventaja competitiva clara frente a otras regiones. A esto se añade una energía estructuralmente más cara y una demanda débil en el norte de Europa, todavía condicionada por la guerra de Rusia y Ucrania.

 

El resultado es un escenario en el que muchas multinacionales están trasladando producción fuera del continente, ya sea a Asia, Oriente Medio o Estados Unidos, donde los costes son más competitivos y las inversiones en nuevas tecnologías resultan más atractivas. Desde el sur de Europa, y especialmente desde España, esta situación a veces se percibe con cierta distancia. Nuestro sector mantiene niveles razonables de actividad, las exportaciones siguen siendo sólidas y la transformación hacia productos más sostenibles está en marcha. Sin embargo, sería un error pensar que vivimos ajenos a esta tendencia. Si la base productiva química europea se debilita, las consecuencias nos alcanzarán más pronto que tarde: menor disponibilidad de materias primas, mayor dependencia exterior y aumentos de precio cuando la demanda se estabilice.

 

En este contexto, la química valenciana tiene un papel relevante. Contamos con un tejido empresarial diverso, con pymes y medianas empresas capaces de adaptarse, innovar y responder rápido a los cambios del mercado. Pero también debemos ser conscientes de que la sostenibilidad no puede avanzar a costa de la competitividad. Europa necesita políticas que acompañen la transición ecológica sin penalizar la producción local, porque sin base industrial no hay innovación posible.

 

La desindustrialización química no solo es un riesgo económico: es una pérdida de autonomía estratégica. La química es el punto de partida de casi todo: energía, movilidad, vivienda, alimentación o salud, y su debilitamiento compromete la capacidad de Europa para sostener su modelo productivo.

 

Frente a este escenario, tenemos dos opciones: lamentar la pérdida o aprovechar la oportunidad. Si somos capaces de combinar sostenibilidad, proximidad y tecnología, la química europea y especialmente la valenciana pueden salir reforzadas. Pero para lograrlo, necesitamos una estrategia común que proteja el valor industrial y fomente la inversión en innovación real, no solo en cumplimiento normativo.

 

Porque, en definitiva, no hay transición ecológica sin química, ni futuro industrial sin una base productiva fuerte, eficiente y sostenible.